miércoles, 28 de noviembre de 2007

Enchanted


Se acercan las navidades (sí, lo sé, es increíble, pero aquí están otra vez) y todos nos volvemos un poco... navideños. Las carteleras de cine se llenan de pelis moñas que nos recuerdan que, al menos una vez al año, debemos ser buenos con los demás, enamorarnos en París, vestirnos de rojo, besarnos debajo del muérdago (¡malditas pelis americanas! ¡si aquí no hay muérdago de ese!), cantar delante de una chimenea y esquiar. La madre que los parió. ¡Pero si nosotros somos felices dándole con el tenedor a una botella de anís y cantando aquello del "campana sobre campana"!


El cine tiene mucha culpa de que (y cito) "ejemplares válidos" como una servidora se encuentren al borde del colapso mental y senti-mental porque no hay ni muérdago, ni París, ni chimenea ni ná de ná. Por eso, para levantar el ánimo invernal y pre-navideño, me fui a ver una película que se caga (con perdón) en todos los tópicos sobre los príncipes y las princesas, las damiselas en apuros y las malas de telenovela.


A pesar de ser de la factoría de los enanitos de Blancanieves y de tener como prota al actor más azucarado de los últimos tiempos (oh, macdreamy!), es ácida como ella sola. Encantada es una parodia (amable, pero parodia) de todos los cuentos de hadas, con sus números musicales y sus pajaritos (y sus ratas de alcantarilla neoyorquina) ayudando a hacer la colada. Con toda esa explosión de ironía, salí de la sala de cine mucho más reconfortada que cuando entré, rodando como una pelota por el maldito browny de chocolate (uhm, qué rico y cuánto chocolate).


Por cierto, de mayor quiero ser como Susan Sarandon haciendo de mala. ¡Vaya plataformas!

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