jueves, 15 de noviembre de 2007

Alter ego

Descubrir que no estás sola en el mundo es algo maravilloso, aunque resuenen los ecos de aquel refrán del mal de muchos... Es todavía más maravilloso cuando lo descubres a través de los ojos de una persona a la que ni siquiera conoces, que no comparte contigo espacio, idioma, educación. Y que, para colmo, es un personaje de ficción.

Gracias al Planeta Millás (estoy deseando leer su última novela) me he fascinado por aquello de la metaficción, los espejos, los hermanos gemelos, las almas gemelas, el otro, el yo, el alter ego, en una vida real o imaginada, de carne y hueso o de humo y polvo. En el mundo de las letras, de las ideas, todo puede suceder. Las barreras caen y el pacto de ficción pone en juego elementos que en la realidad no servirían. Pero, ¿qué pasa cuando, además de una humana más, te conviertes por arte de magia en un personaje de novela? Los límites de lo convencional se desdibujan y entras en una suerte de feliz cuelgue irreal. Por el placer de la lectura, por el placer de verte como en un espejo, por la dulzura de que alguien te describa sin conocerte, por la vanidad en general.

También asusta tanta exactitud, palabra por palabra, diálogo tras diálogo y pensamiento a pensamiento. ¿Somos multitud aunque nos sintamos únicos e irrepetibles? ¿Somos una generación unida por los mismos lazos, a pesar del tiempo y la distancia?

Bajo la tapa de un libro o detrás de la cara coloreada de un DVD, ahí estamos. Eso es lo que somos. Así es como nos ven. Nuestro alter ego.

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