miércoles, 6 de junio de 2007

Infiel

Parece que no, pero da cosa. Da cosa porque han sido muchos años y cuando entré a la tienda parecía que le estaba poniendo los cuernos a alguien. No es que sea un drama, pero poner el pie en una tienda roja, en lugar de la verde de toda la vida (naranja ahora) me causó una sensación inesperada. Está claro que en este mundo cambiante, en el que sólo mandan la oferta y la demanda, nadie te va a reprochar una portabilidad. Sin embargo, allí estaba yo, como quien va a comprar condones o una prueba de embarazo a la farmacia. Me reía nerviosa, estaba acalorada, e incluso entendí mal una pregunta que me hizo la dependienta amablemente. Como siempre que me suceden estas situaciones pensé aquello de "¡Traje una sandía, qué frase tan original!".
El caso es que ya está hecho. Los dioses del contrato me han tentado y yo he caído. Como dice mi abuela, una señora periodista tiene que tener un buen móvil de contrato. Pues eso he hecho. Todavía no pertenezco a la comunidad del anillo, pero dentro de una semana ya no seré 'amena' nunca más.
Como cantaría Serrat, todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.

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